Brunete en la Memoria: “Escenarios bélicos de la Sierra” (rutas guiadas)

 

Aportaciones de Brunete en la Memoria al proyecto

“Escenarios bélicos de la sierra”.

Objetivos.

  1. Primero y fundamental, acercarnos a las áreas con historia militar vinculada a la GCE habiendo adquirido conocimientos previos sobre su pasado y tomándolas como un todo, es decir, mirándolas como un “paisaje de guerra” sobre el que tuvo lugar un prolongado drama humano, social y político lleno de facetas diferentes. Solo con un saber teórico previo podremos rastrear con éxito la memoria relacionada con los vestigios materiales y la que tiene que ver con hechos que no han dejado necesariamente restos físicos: la memoria  intangible de los lugares, los individuos y los colectivos sociales que entre 1936 y 1939 protagonizaron la guerra en los espacios de la sierra.
  2. Una vez sobre el terreno, descubrir y redescubrir a través del estudio de documentos, la observación y la ayuda de la población local toda la diversidad de restos bélicos presentes sobre el mismo. Apoyándonos en ellos, intentar comprender la razón de su existencia, los combates de los que fueron protagonistas y la coherencia y continuidad de los frentes defensivos de los que formaron parte, así como la evolución de estos a lo largo de los meses o años que existieron, el grado de eficacia militar que tuvieron y el tipo de vida que los combatientes hicieron en ellos. Descubrir también la interesante superposición en los usos de los recursos e infraestructuras con fines civiles (anteriores, simultáneos y posteriores) y militares. Entender y explicar los condicionamientos orográficos y tácticos sobre el trazado de los frentes. Seguir las sutiles líneas de comunicación que enlazaban vanguardia y retaguardia, descubriendo en esta última toda la red de infraestructuras vinculadas al periodo bélico que resulte posible. Conocer con la mayor profundidad posible las unidades presentes en cada momento sobre ambas líneas de trinchera.
  3. Influir positivamente a favor de la catalogación, conservación y disfrute de todo el patrimonio descubierto o redescubierto, ya que una buena parte de este ha estado permanentemente bajo nuestra mirada pero hasta ahora no hemos sabido relacionarnos correctamente con él. Proponer que este patrimonio material e inmaterial sirva como objeto de reflexión y estímulo del conocimiento histórico y geográfico de cada paraje o municipio. Como fin secundario, promover que estos patrimonios sirvan como elemento de desarrollo económico de las comunidades que los atesoran, pero siempre respetando escrupulosamente el medio natural (o urbano si es original) que los envuelve. Hacer a este respecto un trabajo de concienciación con los representantes políticos y la sociedad de los municipios concernidos. Fomentar el acercamiento respetuoso y carente de impacto y evitar la burbuja turística en ciernes en la Comunidad de Madrid.

Actividades propuestas.

En Brunete en la memoria, nos interesa toda la zona geográfica determinada por los Ejércitos del Centro republicano y franquista, pero la clara vinculación de nuestro colectivo con los espacios sobre los que se produjo la batalla de Brunete define un ámbito geográfico de atención especializada mucho menos extenso: el trazado de los frentes y sus retaguardias inmediatas entre el puerto de la Cruz Verde y el vértice Cumbre, próximo por el oeste a Majadahonda. Dentro de “nuestra” zona de estudio, en la que también trabajan otros compañeros y grupos muy competentes, las actividades que proponemos desarrollar prioritariamente son la apertura del “Espacio de memoria de la batalla de Brunete” en el municipio de Quijorna y la continuación y ampliación de las rutas de guerra que llevamos varios años guiando.

Las distintas rutas que hemos ideado y que se han ido consolidando gracias al paso de sucesivos grupos, familias e individuos a los que hemos acompañado desde aproximadamente 2005, discurren fundamentalmente por los términos municipales de Brunete, Villaviciosa de Odón, Boadilla del Monte, Villanueva de la Cañada, Villanueva del Pardillo, Galapagar, Colmenarejo, Valdemorillo, Quijorna, Navalagamella y Fresnedillas de la Oliva, si bien también hemos guiado grupos por zonas vinculadas a la batalla de Brunete pasando por los municipios de Las Rozas, Torrelodones y Zarzalejo.

Los recorridos que hemos ido definiendo a lo largo de estos años tienen en común que son verdaderos paisajes de guerra, es decir, que independientemente del número, la posición y la calidad de los restos bélicos presentes, transitan por zonas donde pasaron cosas, ya sean combates, movimientos masivos de fuerzas o presencia de infraestructuras de las armas o los servicios militares. Otras cualidades comunes a todos estos recorridos son que se apoyan casi siempre en caminos públicos (van pocas veces y en tramos cortos campo a través), e intentan combinar historia militar con naturaleza y otros valores patrimoniales como canteras, minas, hornos o viejas casas de campo. Afortunadamente las primeras elevaciones de la sierra según se abandona el llano tienen bosques, arroyos y paisajes de una gran belleza y que generalmente no soportan tanta presión humana como cabría esperar estando tan cerca de núcleos de población medianos y grandes. Hacemos pocas rutas en el llano porque las zonas de cultivo fueron recuperadas para la economía apenas terminó la guerra civil y perdieron pronto las marcas del conflicto, mientras que en la sierra las trincheras y demás elementos bélicos se mantuvieron hasta nuestros días sin más deterioro que el causado por los factores naturales.

Para participar en estas rutas solo es necesario tener una forma física aceptable que permita aguantar de tres a cinco horas caminando. Los recorridos varían entre los 6 y los 15 kilómetros y alguno de ellos pasa por rampas pronunciadas de subida y de bajada, un factor a tener en cuenta para l@s caminantes de mayor edad o con menos resistencia. Evidentemente, estas rutas podrían señalizarse para ser hechas sin guía, en solitario o en familia, pero nuestra experiencia es que los guías tenemos mucho que aportar y además caminar en grupos de 15 hasta 150 personas (lo hemos hecho con ambos formatos) nos enriquece a tod@s y hace mucho más entretenida la marcha.

Rutas que ya tenemos preparadas y probadas.

  • 1ª ruta: Sale desde el pueblo de Quijorna y discurre por el norte del mismo, es circular, mide unos 12 kilómetros y pasa por los términos de Quijorna, y Valdemorillo, generalmente por buenos caminos. Las dos o tres rampas por las que pasa salvan desniveles de unos 80 – 100 metros. El área que atraviesa fue durante julio de 1937 una zona de operaciones que pasó a manos del ejército republicano al poco de iniciarse la batalla de Brunete. Terminada esta, en el periodo de frentes estabilizados que se extendió entre agosto de 1937 y marzo de 1939, se convirtió en zona de almacenamiento de materiales y segunda línea defensiva mientras que la vanguardia republicana quedó fijada sobre el contorno sur de los pueblos de Quijorna y Villanueva de la Cañada. La intensa fortificación que durante más de año y medio se hizo sobre el terreno dejó muchos cientos de metros de trincheras y mejoró vías de comunicación que todavía hoy son visibles y pueden ser utilizadas para transitar a pié entre Quijorna, Villanueva de la Cañada y Valdemorillo. Esta ruta nos permitirá ver: hornos de cal y para cocción de tejas, tres fortines de dos tipos constructivos diferentes, varios segmentos de trinchera, una zona con bocas de mina y una gran mina visitable, dos cuevas pequeñas reforzadas con bóveda de ladrillo, vestigios de varios almacenes de materiales y chabolas para la tropa, restos de viejas casas de pastores, el sitio donde existió un poblado militar, el puesto de mando adelantado del V cuerpo de ejército republicano, llamado “Pico y pala” y la casa de Los Llanos, posiblemente el primer punto por el que se combatió en la batalla de Brunete. Junto a estos elementos, la segunda parte de esta ruta permite ver excelentes paisajes del llano y de la sierra. Este recorrido ha sido siempre muy bien valorado por los numerosos grupos que lo han pateado junto a nosotros a lo largo de los últimos años.

 

  • 2ª ruta: Se inicia y termina en el campo de fútbol de Navalagamella, es por tanto circular. Discurre por el sur del casco urbano y no sale en ningún momento de su término municipal. Su longitud es de unos 10 kilómetros y sus desniveles globales son poco relevantes, pero a cambio tiene un par de bajadas y subidas pronunciadas. Desde noviembre de 1936 hasta marzo de 1939, es decir, durante casi toda la guerra, esta zona estuvo en manos del ejército franquista, mientras que los republicanos tenían Valdemorillo, al otro lado del río Perales. El periodo de mayor actividad bélica en esta zona se dio durante la batalla de Brunete, cuando la intensidad de los combates creció exponencialmente en comparación con cualquier otro momento previo o posterior. El primer tramo de esta ruta sigue una amplia cañada de ganados que permite alcanzar la pista de servicio de una conducción de agua del Canal de Isabel II. Tomando esta pista llegaremos hasta a un importante poblado militar ubicado encima de la cantera de Navalagamella, en una zona considerada como de primera retaguardia. Después de visitar este poblado y el observatorio cercano, para volver al punto de partida se pasa por un bonito camino rural bordeado de prados. Por el este, y en paralelo a la franja de terreno ondulado por la que pasa esta ruta, discurre el ya citado valle del Perales, que con su difícil orografía contribuyó decididamente a que este fuera un frente estabilizado. Si esta marcha descrita resultara corta (dura unas tres horas), también se podrían visitar una serie de posiciones defensivas aisladas que aprovechan muy bien el relieve y llaman la atención por tener una alta cantidad de refugios y almacenes en comparación con el número de fortines. En esta orilla del río, las trincheras, al contrario que en la parte republicana, no son continuas, sino que aparecen solo en los sitios más favorables o críticos de cara a la defensa, formando en conjunto una línea fortificada construida con criterios militares modernos.

 

  • 3ª ruta: Se inicia y finaliza en Villanueva del Pardillo y discurre por una amplia zona de su entorno norte, ribereña del río Guadarrama, donde el puente del Retamar es la referencia geográfica más importante. Pasa por los términos municipales de Villanueva del Pardillo y Galapagar, y como las anteriores rutas, el tiempo estimado que se puede emplear en hacerla pasa de las tres horas. Son 8 kilómetros básicamente llanos, en los que solo se encuentra alguna pequeña rampa. El 90% del recorrido transcurre por caminos anchos y cómodos o pistas muy aceptables. Se puede decir que es una ruta para todos los públicos. Al poco de salir de Villanueva del Pardillo ya se pasa por un fortín de lo que fue una línea fortificada republicana que se construyó después de la batalla de Brunete, más adelante se camina junto a una larga línea de trincheras que guardaban la orilla oeste del Guadarrama, a retaguardia de la cual hay más posiciones, estas en terrenos más elevados. Estas fortificaciones tuvieron por propósito la defensa del puente del Retamar, posición muy cercana a la primera línea de frente y clave para cerrar la carretera que sube al puerto de Galapagar y llega hasta ese pueblo, a Torrelodones y El Escorial. Una vez visto el puente del Retamar desde la altura, hay que seguir el camino que lleva hasta la casa de La Vinatea, y alcanzada esta, girar nuevamente hacia Villanueva del Pardillo. A medio camino se vuelven a encontrar posiciones republicanas en el barranco de Carcalacueva, formadas por un fortín, trincheras y restos de un almacén.

Quijorna, diciembre de 2017

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